El Estado de las Cosas

El estado de las cosas, proyecto del artista de origen zacatecano Luis Carrera-Maul consiste en una instalación que se transforma en relación a los distintos espacios en los que se exhibe. Para la XIII Bienal FEMSA, Carrera-Maul propuso una versión que conjuga dos sedes distintas: el Antiguo Templo de San Agustín, y el rancho familiar, El Saucito, del cual provienen los residuos que constituyen en este proyecto de largo aliento. Los materiales seleccionados por el artista para esta instalación son vestigios de una empresa fundad por su abuelo, Daniel Carrera Hinojosa, dedicada a la agroindustria, la vitivinicultura y el empacado en el estado de Zacatecas, que en la década de 1970 tuvo su auge económico. Tras el sexenio del Presidente López Portillo y la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, muchas empresas fueron afectadas; éste fue el caso de Daniel Carrera e Hijos, que a mediados de los años noventa entró en crisis.
El estado de las cosas es una suerte de ruina de la industria familiar en la que se exhiben restos de árboles frutales como guayabos, manzanos, membrillos y olivos que eran procesados y enlatados como conserva. Estos materiales son parte de la memoria de la infancia del artista, por lo tanto, son desformaciones simbólicas que permiten entrever el paso del tiempo, por lo tanto, el flujo de la historia en su relación con la economía y el paisaje.
En el Antiguo Templo de San Agustín, los residuos seleccionados por Carrera-Maul se despliegan espacialmente como una suerte de retablo que, al referirse al arte barroco colonial, actualiza estas ruinas industriales en tanto que alegorías de la crisis, la migración y la transformaciones del paisaje.
En el rancho familiar, El Saucito, la instalación se extiende a modo de una ampliación de la versión escenográfica y museística hacia el paisaje real. Ahí se encuentra un tráiler del cual provienen los cartones utilizados para empacar los productos, mismos que conforman la paleta de color utilizada por el artista como fondo pictórico en el museo. Los tonos y sus formas son la condición de transformación dada por el paso de más de 30 años. Mientras que en el museo las ruinas se despliegan alegóricamente, en su sitio de origen permiten entender el ciclo de transformación de la naturaleza por los procesos industriales, y luego cómo a raíz de la crisis económica las maquinarias industriales devienen detritos que, invariablemente, se vuelven parte del paisaje.
Al colocar en evidencia el paso del tiempo, Carrera-Maul incita con “el estado de las cosas”, a una reflexión sobre el ciclo natural de la materia así como la intrincada relación entre la economía industrial y el paisaje. En la medida en que detritos de una industria se convierten en materia simbólica resignificada en la práctica del artista, se entrecruzan las anécdotas familiares con las crisis económicas y el “ciclo natural” de las cosas.

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